En primavera el sol no nos calienta lo suficiente como para ser molesto y que nos obligue a ponernos a la sombra, por ello estamos más tiempo expuestos sin darnos cuenta. Como estamos sin broncear, ya que venimos del invierno y no somos aún conscientes de la necesidad de usar fotoprotector, nos quemamos con facilidad. La población no suele utilizar fotoprotección facial y mucho menos corporal a no ser que estén muy concienciados o bien porque sufran de melasma o bien porque tengan alto riesgo de cáncer de piel.

Pero es época de terrazas, de fines de semana al aire libre (campo, playa, deportes…) ya que estamos cansados del mal tiempo del invierno.

El peligro aumenta con las horas de exposición y no es rara la aparición de las primeras alergias solares en escote y brazos (que realmente se llama erupción polimorfa solar).

Y, ¿qué protección debemos utilizar? En las pieles o fototipos oscuros puede ser suficiente con un FPS 30 y en los claros un FPS 50. Por supuesto, que cubra UVA y UVB y si es posible infrarrojos y luz visible.

Hay que ser generoso con las cantidades, porque si no este índice no se cumple y repetir la aplicación cada dos a tres horas. Esto puede ser un inconveniente y por ello debemos de usar texturas cómodas para reaplicar en la calle (compactos coloreados, sprays…). La ropa tiene un papel protector (más la de tejido más denso y de color oscuro) y existen tejidos especialmente diseñados para no dejar pasar nada de radiación incluso cuando estén mojados.

Fotoprotección

La mayor parte de la radiación solar se recibe en los primeros años de la vida y tendrá sus consecuencias en la edad adulta y en la vejez, en forma de manchas, arrugas, precáncer y cáncer de piel. Por tanto, la fotoprotección es vital en estas edades. Los niños realizan más actividades al aire libre y no son conscientes del daño de las radiaciones solares, pero la piel tiene memoria y acumula las agresiones solares que darán la cara en el futuro

Las consecuencias del sol a corto plazo son las quemaduras y aparición de manchas, fotoalergias y fototoxicidades medicamentosas e intolerancias solares.

Pero a largo plazo, se produce un daño celular acumulado que se traducirá en envejecimiento cutáneo con arrugas, lentigos, hipopigmentaciones en gotas. adelgazamiento y fragilidad cutáneos. Y lo que es peor, lesiones precancerosas tipo queratosis solares y el temido cáncer cutáneo que puede ser mortal o requerir cirugías agresivas.

La incidencia de melanoma en España

La incidencia de melanoma en España aumenta un 10% anualmente siendo en el último año de 9,7 casos por cada 100.000 habitantes. Pero este no es el tumor cutáneo más frecuente, de hecho, el carcinoma basocelular localmente agresivo y excepcionalmente mortal y el espinocelular que sí puede ser mortal, son más frecuentes que el melanoma y todos se relacionan con la exposición solar.

Consultar con el dermatólogo es vital cuando aparece una lesión cutánea que no tiene por qué ser negra, que crece lentamente, que se ulcera, que se cubre de costras, que nunca cura… especialmente en zonas expuestas, o cuando un lunar nos cambia o aparece de nuevo y crece de forma asimétrica, tiene diferentes colores y bordes irregulares.

DRA. PALOMA CORNEJO

 

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