Las manchas más habituales que el sol puede dejar en la dermis son el melasma -también llamados coloquialmente paños o máscara- y los lentigos solares. El primero es “una pigmentación difusa y simétrica que se da en la región facial, principalmente en la zona del labio superior, frente y mejillas”. El componente hormonal juega un papel crucial, el problema, en más del 90% de los casos, afecta a las mujeres, ya que, aunque el desencadenante es la exposición solar, está relacionado con los estrógenos. “Aparece en edad fértil, sobre todo entre los 30 y los 40 años, aquellas que toman anticonceptivos, se han sometido a un tratamiento para quedarse embarazadas o toman algún tratamiento sustitutivo para la menopausia son las que tienen más posibilidades”. Se trata de una mancha que oscurece mucho en verano pero que en invierno se aclara y puede llegar a desaparecer, pero que preocupa mucho porque “es muy desfigurante”.

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